24 jun 2016

Eduardo Galeano - El Mundo Es Una Gran Paradoja Que Gira En El Universo

La mitad de los brasileños es pobre o muy pobre, pero el país de Lula es el segundo mercado mundial de las lapiceras Montblanc y el noveno comprador de autos Ferrari, y las tiendas Armani de Sao Paulo venden más que las de Nueva York.

Pinochet, el verdugo de Allende, rendía homenaje a su víctima cada vez que hablaba del “milagro chileno”. El nunca lo confesó, ni tampoco lo han dicho los gobernantes democráticos que vinieron después, cuando el “milagro” se convirtió en “modelo”: ¿qué sería de Chile si no fuera chileno el cobre, la viga maestra de la economía, que Allende nacionalizó y que nunca fue privatizado?

23 jun 2016

Platón - El Mito De La Caverna

–Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

22 jun 2016

José Saramago - El Cuento De La Isla Desconocida

Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase, los obsequios que le entregaban a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza que, no teniendo en quién mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio, Y tú qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era pequeña señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.

21 jun 2016

O. Henry - El Sueño

Murray tuvo un sueño.


La psicología vacila cuando intenta explicar las aventuras de nuestro mayor inmaterial en sus andanzas por la región del sueño, “gemelo de la muerte”. Este relato no quiere ser explicativo: se limitará a registrar el sueño de Murray. Una de las fases más enigmáticas de esa vigilia del sueño, es que acontecimientos que parecen abarcar meses o años, ocurren en minutos o instantes.


Murray aguardaba en su celda de condenado a muerte. Un foco eléctrico en el cielo raso del comedor iluminaba su mesa. En una hoja de papel blanco una hormiga corría de un lado a otro y Murray le bloqueaba el camino con un sobre. La electrocución tendría lugar a las nueve de la noche. Murray sonrió ante la agitación del más sabio de los insectos.

20 jun 2016

Italo Calvino - Tiempo Cero

Tengo la impresión de que no es la primera vez que me encuentro en esta situación: con el arco apenas flojo en la mano izquierda tendida hacia adelante, la mano derecha contraída atrás, la flecha F suspendida en el aire a casi un tercio de su trayectoria y, un poco más allá, suspendido también en el aire y también a casi un tercio de su trayectoria, el león L en el acto de saltar sobre mí con las fauces abiertas y las garras extendidas. Dentro de un segundo sabré si la trayectoria de la flecha y la del león vendrán o no a coincidir en un punto X atravesado tanto por L como por F en el mismo segundo tx, es decir, si el león se desplomará en el aire con un rugido sofocado por el borbotón de sangre que le inundará la negra garganta atravesada por la flecha, o si caerá incólume sobre mí derribándome con un doble zarpazo que me desgarrará el tejido muscular de los hombros y del tórax, mientras su boca, cerrándose con un simple golpe de mandíbulas, me separará la cabeza del cuello a la altura de la primera vértebra.

Tan numerosos y complejos son los factores que condicionan el movimiento parabólico tanto de las flechas como de los felinos, que no me permiten por el momento juzgar cuál de sus eventualidades es más probable. Me encuentro pues en una de esas situaciones de incertidumbre y espera en las que no se sabe realmente qué pensar. Y el pensamiento que se me presenta es éste: me parece que no es la primera vez.